Distancia, tiempo y silencio

Los kilómetros se acomodaron entre nosotros; y me dijeron que la distancia era el olvido así que esperé.

El tiempo borró tu olor, pero de noche aún sentía que me besabas y tan solo quería hundirme en tus brazos y dormir abrazada a tu cuello.

Entonces decidí volver a apostarlo todo y dinamité la distancia, tenté al tiempo, a sus arrugas y al olvido; y fui a por ti.

Pero tú no estabas.

Así que volví con más recuerdos que nunca, una brújula desorientada y un boquete en el pecho.

Y al igual que me permití darnos una última oportunidad, también me juré que no habría otra.

Así que floreció de nuevo la distancia resquebrajando la tierra con sus raíces, continuó su paso el tiempo y a gritos callé al mismo silencio.

Y entonces, como nunca antes, apareciste.

E hiciste de mi silencio un eco en tu voz y de la navidad, tu risa.

De los kilómetros tan solo un paso.

Pero tampoco lo diste.

Y aunque ha vuelto a llover en pleno verano, esta vez al salir de casa cogí paraguas.

Ya no te creo. Y ya no espero nada de ti.

Y supongo que así es como se van apagando las cosas, cuando te cansas de matar monstruos por quién no te da las buenas noches.

Incondicionalmente

Ahora esta de moda juzgar a la gente cuando dice querer a alguien con quien no tiene una relación. Menospreciar el sentimiento como si hubiera caducado. Como si el amor tuviera que ser físico o sino que no sea. Sobrevalorando de nuevo la piel.

-Le quiero.

+No le quieres.

-Sí que le quiero.

+¿Cómo lo sabes? No le quieres. Quieres lo que era, quizá quieres quién tú eras con él. No es amor, es obsesión, recuerdos.

-Le quiero.

+Llevas muchísimo tiempo sin verle. Habeis cambiado. No puedes quererle.

Julio Cortázar decía “Lo que mucha gente llama amar consiste en elegir una mujer y casarse con ella. La eligen, te lo juro, los he visto. Como si se pudiera elegir en el amor, como si no fuera un rayo que te parte los huesos y te deja estancado en mitad del patio. Tú no eliges la lluvia que te va a calar hasta los huesos cuando sales de un concierto.”

Hoy sé por qué te quiero.

Porque a pesar de los recuerdos y de mi obsesión oigo tu acento y me convierto en la mejor versión de mí. Porque me haces, sin estar, ser mejor persona; y sin entender el por qué me quiero más a mí y quiero más al mundo; y creo en la bondad y siento la paz, y respiro. Porque he conseguido vivir sin ti y he aprendido a dejarte ir, porque he pasado nuestra página y aún así, mis días serían más bonitos con tu risa.

Por eso no digo que estoy enamorada de ti. Porque no lo estoy. Me desenamoré de golpe. 

Pero querer va más allá de los actos, no trata de tiempo ni de distancia, no influye. Querer habla de miradas y de besos, significa que ya formas parte de mí.

Así que sí, te quiero. Hoy y siempre. Incondicionalmente.

Hoy te vas.

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“Encontrarás a alguien mejor, verás”

Debí de joder mucho al destino en otras vidas.

Leí por ahí que alguien dijo que solo se escribía por dos razones; una felicidad inmensa o una tristeza profunda

Ahora también lo digo yo.

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Hoy te vas.

Hoy te vas y en Valencia ha granizado. 

Solo ruido, agua y fuego.

No te vayas.

Navidad

No se que me pasa con la Navidad que nunca acabo de pillarla del todo.

La época más bonita y feliz del año.

Lo pone en las paradas de autobuses, en carteles luminosos por las paredes, brillando en el cielo de las calles, en los escaparates de las tiendas junto a Papa Noeles que se desnucan al son de un villancico, hasta Facebook te felicita la Navidad… y te esfuerzas. Yo me esfuerzo.

¡Coño! ¡A ver si va a ser verdad! E intentas hacer cosas divertidas cada día, y te abrigas aunque por la ventana salude un sol propio de junio, y cambias tu humor, sonríes más, quieres más, no quieres fastidiarle a nadie su mejor época…

Supongo que cuando crezca lo entenderé “Solo es una vez al año y quieres estar con los tuyos” pero te juro que mi Navidad este año contigo fue en lo alto del Teide.

Sabéis esa sensación de cambio, de cuando das un paso gigante y estás literalmente perdido en un mundo que ya ha marcado su rumbo sin preguntarte si querías ir al baño, cuando tienes el patrón de tu vida y solo te falta sentarte a coser día a día, todos los días la misma acción, y sin darte cuenta te enredas entre los hilos y te dejas llevar, cuando no esperas nada de nada y se te olvida que hay una parte que no depende de ti, aunque no lo quieras ver, la parte más poderosa.
Eso es Navidad para mí, pequeños momentos, sonrisas, abrazos, miradas, viajes, reencuentros, cuando la química, el cariño y el amor se juntan a tomarse una copa.

Aristóteles un día de fiesta le soltó a una “En el termino medio está la virtud” y se ve que la chica no lo entendió y le llamo filósofo.

En definitiva, voy a seguir haciendo lo mismo que hasta ahora, cogiendo oportunidades y convirtiéndolas en Navidad y un día cuando me levante, quizás, lo entienda todo.

Memories

Desde que dejé de soñar y empecé a vivir, los recuerdos se han nublado y no me dejan ver el horizonte.

Es como si me estuviesen persiguiendo y llevara un lazo cubriendo mis párpados. Rojo. Me gusta rojo.

No veo nada. Ni lo que tengo delante, ni lo que un día tuvimos.

La noche envuelve mi mente en una profunda niebla que nunca abre y sin embargo, me reconozco mejor que nunca.
Una burbuja conecta cada poro de mi piel para convertirse en la esfera más perfecta que un día formaron nuestras lenguas, y no me deja salir.

Te has marchado a algún sitio en el que te siento cerca a oscuras y de vez en cuando aparece alguna imagen que dudo si es fruto de mi imaginación. Pero te veo. Y te huelo.

Duró tanto lo que sentíamos para lo poco que pudimos mostrarlo. Y te he olvidado de golpe.

Nada más hacerte el amor me olvidé de tu cuerpo.

Y de vez en cuando, un día, a cualquier hora, una fotografía de tu cara en movimiento aparece entre mis sábanas y recuerdo donde pusiste tu mano o como sonreíste bajo mi ombligo.
Y ya me jodes el día.

Por eso entiendo porque no existen las horas que te tuve encima.

Por eso asumo el perder tus ojos a cambio de olvidar tu olor.

Por eso no hago esfuerzos por subrayar el día, ni la hora, ni si lucía luna llena en mi agenda. Aunque nunca la había visto brillar tanto.

Por eso.

Por eso sonrío y digo que no dueles, que lo llevo bien, que a mi no me afecta el mono.

Por eso vuelvo a andar cada uno de los pasos que un día dimos juntos pero besando otros labios.

Estoy lobotomizando mi cerebro desde dentro y no le doy ni un respiro.

Y sé que codificas cada célula y que a pluma perfilas cada lunar pero es cuestión de supervivencia.
Mi vida o tu sonrisa.

Y es mi subconsciente quien ha decidido. Prefiere que granice y el ruido no me deje pensar.

Lo malo de la distancia

Lo malo de la distancia es no poder leer tus ojos, no saber si se alumbran tus pupilas cuando dices que me echas de menos, no saber si todo aquello que te hacía perder la cabeza cuando te rozaba el cuello sigue siendo posesión de mis manos.

Lo malo de la distancia es que no me hago aún la idea, el como hace unos días nos comiamos a besos y ahora son los días los que me comen y me cenan a mí. Y eso que aún creo que mi cabeza no lo ha asimilado del todo, que cree que el lunes cuando mire por la ventana veré tu puerta abierta y me darán ganas de tomarme un café.

Lo malo de la distancia es que no sé si tú estarás ahí para mí como yo voy a estarlo para ti. Si recordarás nuestro primer beso con el sabor del tequila o si te olvidarás de todo cuando ya lleves diez.

Lo malo de la distancia es que me duelen los brazos de abrazar la nada y que mis pies, también, están fríos por la noche. Es recordar tu olor durante un segundo en cualquier momento y lugar, una simple ráfaga de aire que rozó tu pelo, un trozo de tí que no quiso alejarse de mí; un segundo fugaz que por mucho que lo busques nunca lo encuentras. Y creéme que lo he buscado.

Lo malo de la distancia son esas ganas de tu sonrisa, de esos centímetros que la unían a tus ojos y revivir el como al mirarme, los dos sonreían. Es no saber si no me hablas y me preguntas por mis días, si no te preocupas por mí porque no te importo nada o, si al contrario, te araño demasiado.

Lo malo de la distancia es que es el olvido, o eso dicen, y sin embargo el mes que hemos estado separados solo ha evaporado lo peor de nosotros mismos y nos ha permitido darnos otra oportunidad.

Lo malo de la distancia es que ha vuelto a la carga. Te has vuelto a marchar, y me has dejado a mí con todo. Es que tú crearás historias en cada semáforo que cruces e izarás banderas en cada nuevo bar y yo veré esos ojos vergonzosos que miraban al suelo en cada autobús que coja o esos otros que ardían sin dilación cada vez que saque dinero.

Lo malo de la distancia es no volver a escuchar tu voz, es no saber quien la estará escuchando, es no compartir esos momentos contigo, cogerte de la mano y teletransportarme a casa.

Lo malo es tu cuello, tus ojos, tus labios y tus dientes, es que ya nada me araña la barbilla, lo malo de la distancia eres tú. Porque si llega a ser cualquier otro no sería malo, ni tampoco distancia.